• Carla Salamanca

Lo normal es el problema. ¿Realmente queremos regresar a la normalidad?

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Se escuchan todos los días mensajes de ánimo y alivio, frases que dicen “esto también pasará”, “ regresaremos a la normalidad” “ regresaremos a estar como antes” sin embargo, me cuestiono sobre si quiero regresar a esa normalidad ya que mientras más pasan los días, más me doy cuenta sobre cómo esa normalidad es el problema.

Esa normalidad nos hizo alejarnos de nuestro vecinos y comunidad. Esa normalidad, nos hace sorprendernos cuando escuchamos noticias sobre cómo la gente se está apoyando en la adversidad. ¿Qué no eso debería de ser lo normal? Esa normalidad nos ha acostumbrado a en muchos casos, ni siquiera conocer el nombre de nuestros vecinos, a normalizar la pobreza y la violencia como asuntos que solo el gobierno debe de resolver. Hemos perdido nuestra capacidad de vivir en sociedad.

Esa normalidad nos hizo ver como algo natural y común el usar productos de plástico durante 5 minutos, tirarlos a la basura, y pensar que desaparecía el problema en automático. Esa normalidad nos ha llevado a tener islas de basura y un planeta colapsando por nuestros hábitos de consumo. Lo normal nos hace sorprendernos del regreso de animales a las playas, de la recuperación del color turquesa de nuestros mares, de la reaparición de especies que dábamos por casi extintas. Lo normal nos hizo talar árboles y expandir ciudades sin control. Lo normal nos hace quejarnos del calor, y pensar que la solución es comprar un ventilador o un aire acondicionado nuevo en lugar de hacernos ver, que nosotros somos los culpables del aumento de la temperatura del planeta, y que nuestro actuar diario construye esa normalidad. Lo normal es el problema. Lo normal nos ha hecho conceptualizar todo como una competencia feroz, donde solo sobrevive el más fuerte y el capaz. Lo normal nos ha hecho pensar que si yo gano, tú debes de perder. Lo normal es competir y no cooperar. Nuestra normalidad no nos permite pensar en nuestros proveedores o competidores como aliados estratégicos. Lo normal nos impide buscar siempre el ganar- ganar.

Lo normal es el desgaste laboral, el estrés y el vivir para trabajar. Lo normal es odiar tu trabajo, regresar a casa, quejarte y volver a empezar. Lo normal es no tener un propósito con tu profesión. Lo normal no es buscar construir un mundo mejor con tu trabajo. Lo normal es pedirle a tu gente que viva para trabajar para tí. Lo normal es pensar que porque yo te pago, tu tienes que hacer lo que yo te diga cuando yo lo diga. Lo normal es amenazar y no inspirar. Lo anormal y sorprendente son aquellas empresas donde la gente se pelea para trabajar en ellas, donde existen horarios flexibles, capacitaciones, prestaciones y más de 10 días al año de vacaciones. Son un especie rara y difícil de encontrar aquellos líderes abiertos, curiosos, que agradecen, enseñan, impulsan, se interesan, piden disculpas, reconocen el no siempre tener la razón, confían y buscan servir a los otros para guiar y liderar. Son contados los casos de empresas que ponen siempre a su gente en el centro y buscan cuidarlos a ellos para que ellos, cuiden de sus clientes.

Nuestro normal es el problema. Nuestro normal tiene que cambiar, tenemos que cambiar. Nuestro normal nos ha llevado a estar los privilegiados en nuestras casas y la mayoría en las calles sin importar que existe un riesgo inminente. Los griegos definen las crisis como una decisión; por lo que para ellos, una crisis es un tiempo intenso de dificultad que requiere una decisión que los llevará a un punto de inflexión. El día hoy, podemos replantearnos nuestra normalidad y comenzar a buscar una más humana, más empática, más consciente. Construyamos nuevos modelos de negocio. Cuestionemos nuestras prácticas y políticas. Analicemos que tan conscientes somos. Pero sobre todo, revisemos como vemos nuestra normalidad, ya que cómo vemos las cosas, determinará nuestro actuar.

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