• Carla Salamanca

La mejor manera de componer al mundo es arreglándote a ti mismo



Seamos francos, a nadie le gusta cambiar, pero el mundo cambió y solo quedan dos opciones: forjarnos y quejarnos o forjarnos y templarnos.


Existe una frase que dice que las oportunidades se encuentran en los problemas, y que los momentos de mayor avance de la humanidad se dieron después de momentos de grandes retos.

Una de las cualidades que nos separa a los humanos del resto del mundo animal es nuestra habilidad para adaptarnos. Nuestra capacidad creativa de encontrar nuevas formas de sobrevivir y sobresalir de los demás. Mike Michalowicz da ejemplos en su libro “La ganancia es primero” de cómo somos mucho más efectivos y creativos cuando nuestros recursos son escasos. El ejemplo perfecto es el de la pasta de dientes; nada dura más que una pasta de dientes a punto de terminarse.

Seamos francos, a nadie le gusta cambiar, a nadie le emocionan los cambios, pero el mundo cambió y solo quedan dos opciones: forjarnos y quejarnos o forjarnos y templarnos.

Los antiguos herreros forjaban el acero poniéndolo en condiciones extremas.

Primero dejaban que el acero ardiera al rojo vivo, y cuando estuviera cerca de derretirse lo sacaban del fuego, acomodándolo en el yunque donde le espera ser golpeado por un mazo, con toda la fuerza del herrero. Este proceso se repite y se repite y se repite hasta estirar y trabajar poco a poco la forma y longitud que el acero tiene el potencial de alcanzar. Mediante la forja, el metal se endurece al mismo tiempo que va cambiando su estructura y forma física.

Una vez terminado ese proceso, el acero pasa al templado, donde consigue la temperatura “crítica”. Esta parte del proceso es la parte clave para lograr una firmeza y resistencia inigualable. Este punto es el más importante de todo el proceso. Es por medio del temple que se distinguen los mejores aceros de los aceros quebradizos y deficientes.

Lo triste de este proceso es que se realizan muchas pruebas, donde los metales que fueron forjados solo se usarán cómo pruebas, terminando como desperdicios sin haber tenido la oportunidad de cumplir su propósito inicial.

Hoy en día, todos estamos pasando por lo mismo, todos estamos siendo golpeados y llevados situaciones si no extremas, a situaciones a las que no estamos acostumbrados, estamos siendo forjados.

La pregunta ahora es ¿Cómo una persona puede templarse? ¿Cómo puedes templarte?

Primero que nada, debes darte el permiso. Todo empieza por darse el permiso de cambiar, de intentar, de probar. Siempre habrá excusas y razones por las cuales no debes de hacerlo. Nunca es el momento adecuado, los recursos no son los adecuados, las personas no son las adecuadas, mi preparación no es la adecuado, y nunca lo será hasta que no inicies por darte el permiso de hacerlo.

Segundo, todos los cambios inician siempre en el mismo lugar. La mente, como dijo Napoleon Hill “La única limitación es la que uno establece en su propia mente…Primero viene el pensamiento; luego la organización de ese pensamiento, en ideas y planes; a continuación la transformación de esos planes en realidad. El comienzo, como puedes ver, está en tu imaginación.”

En tercer lugar, acepta que el equivocarse no es una opción que puedas evadir, es parte del proceso. Equivocarse es uno de los muchos pasos que tendrás que tomar para llegar a donde quieres llegar. Es en la reflexión de los fracasos donde se descubren las verdaderas oportunidades.

Por último, ten la confianza suficiente en tus acciones para no tener que explicarte. Confía en ti y actúa.

1 vista0 comentarios